jueves, 12 de junio de 2014

Miércoles 6 de agosto. Los niños no duermen, juegan.


Miércoles 6 de agosto. Los niños no duermen, juegan.
Aquella noche fue de
campamento, las vivencias durante la bendición de las casas y Remí, el anciano catequista.
Pero comencemos por el último. ¿Quién este hombre que guarda una cruz y una fotografía con el Papa Juan Pablo II? Visitamos su casa por la tarde, aunque ya lo conocíamos. Él fue el responsable durante cuarenta años de mantener viva la fe en el poblado. Tras la expulsión de los misioneros el obispo le encomendó la tarea de abrir la iglesia, rezar y formar a la comunidad católica de este lugar. Y así lo hizo. Años después, durante la visita de San Juan Pablo II a Conakry tuvo la oportunidad de saludar al papa y recibir de él una cruz. En la parroquia es el alma, como lo son los catequistas en África, el ministerio laical que está haciendo de las iglesias de allí comunidades vivas.
Hogares donde la fe está presente. Así lo descubrimos en las casas bendecidas, entre ellas la vivienda de un ciego. De este modo ellos nos acogieron y nosotros nos sentimos como en casa. No me cansaré de escribir, pisando África, el mejor medio para conocer este apasionante continente, la cuna donde creció la humanidad. Nuestras raíces más profundas se hallan en esta tierra, el grito desde las grutas más hondas de nuestros antepasados surge desde África.
Y los niños. Al día siguiente partían hacia Bamako de campamento, merced al empeño del padre Rafael y el salesiano Elí. Muchos procedentes de los poblados ya se encontraban allí, otros con el permiso de sus padres habían comenzado el campamento con el encanto de pasar una noche fuera. ¡Cuántos recuerdos! La ilusión de ellos es la misma en Siguiri que en Alfarrasí y Montaverner, en Guinea que en España.
En la libreta anoté los sentimientos: el tiempo apremia. Noche en Saint Alexis. Los niños pasan su primer día de campamento. Han montado sus tiendas. Como todos los niños. Primera noche. No duermen. Risas. Emoción. Son los niños de la parroquia. Cantan inquietos. Canta el motor. Noche en África. Calor tropical. Día normal. Se oyen voces. Estamos en el corazón del poblado. Voces de jóvenes. Jóvenes que ríen y se enamoran. No somos tan diferentes. Cada día somos menos extraños para ellos. Los jóvenes nos saludan. Cordialidad.
Y el diario: 6, levanto, lucho contra la llave del agua rota; 6.35 misa, laudes, desayuno (adios a la leche condensada, la que traje de Valencia se termino); 9 bendición de las casas del poblado; 12, descanso; 1 comida (arroz con salsa y pollo, pobre pollo que cantó y murió), llueve; 3 descanso; 5.30 levanto, rezo, termino enviat; 7 vísperas y cena; 9 televisión; 10 agenda.
Esta es la jornada, en la que la misión se halla viva. Ellos durmiendo en sus tiendas, las mismas que encontramos en España, pero sin nada más. Y son felices, sonríen.   

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