En la libreta
escribo: situación en estos momentos. Tarde del domingo 4 de agosto. Cansancio.
Sueño. Desánimo. Añoro las parroquias. Soledad. ¿Realmente debería haber
venido? La misión es dura. La misión es dura. Tristeza. África es dura, pone a
prueba la misión.
A continuación
recuerdo los momentos vividos en esta jornada: visitamos y bendecimos tres
familias. No sé. ¿Seré yo? África? El estado de ánimo aumenta. El encuentro con
las gentes, la mirada luminosa y blanca de los niños negros. Un “merci mon pare”
es suficiente. La tarde amenaza lluvia y es luminosa, radiante. Luz que da
fuerza y aviva las tonalidades. El verde emborracha, seduce, cautiva. Termino
la jornada feliz.
Sigue el diario
de este día: 6.30 levanto; 7 laudes en la capilla; 8 desayuno; 9 Misa en la
parroquia, llena, rebosante; 11 misa en Siguri, perfecta; 1 Comida; 2 leo
Enviat; 3 siesta; 4.30 bendición casas; 6 merienda, paseo impactante y colorido
atardecer; 8 Vísperas y cena, lo mismo, cuxcus y plátano, tertulia; 10.30
oficio de lecturas y completas, agenda.
Estas son las
notas escritas aquel día. Posiblemente la jornada en la que descendí a los
valles más profundos de la misión.
Con la mirada
hacia atrás y hacia adelante, recuerdo y espera, en este mediodía en
Montaverner. Quizás algún lector o lectora se sorprenda y sin embargo es así.
No son ni vacaciones ni turismo, es misión y nada tiene de turismo por ciudades
de bellos monumentos, casas donde la comida abunda y agotadoras jornadas
conociendo los edificios patrimonio de la humanidad. Aquí sólo se puede venir
tomado de la mano de Cristo crucificado y Él te hace sentir sus llagas y cargar
con la cruz.
Todos los que
vamos a África bebemos del cáliz amargo de la soledad, la distancia, el
cansancio, fruto de un continente agresivo con sus hijos. Unos lo confesarán,
otros callarán, pero todos pasamos por ese “bajón”, una o varias veces durante
la estancia.
Quizás éste sea
el milagro de África, y a pesar de ello deseas volver. Aunque cuentes los días
que faltan para regresar a tu realidad, la de los pueblos con las gentes.
Contaba un misionero como después de esperar poder volver a la misión, cuando
faltaban días, algo le empujaba a no emprender el vuelo hacia ese país donde
pasaría meses de entrega.
¿Y por qué?
Cada uno tiene sus razones. Releyendo las frases, por ese algo inexprseable que
atrapa, quizás por que allí Jesucristo es más visible o quien sabe si porque
Dios en su Providencia te llama a vivir unos días entre los hijos de la Iglesia
más pobres, planteándote preguntas sin respuestas entorno al abismo que separa
ambos continentes.
Como comprendo tus palabras Jose: Tu, como casi todos los misioneros, sabes que tarde o temprano te llega el desasosiego, el bajón de fuerzas, de ánimos, de alegría, de apetito, y todo te da asco, y lamentas el haber ido a un sitio en que no te puedes abstraer como en cualquier lugar de occidente.....pero también te diré que en esos momentos brotan las mejores oraciones, las mas sentidas desde el corazón.....y lloras, lloras por todo lo que tienes esperándote en casa y que no has hecha ni mas ni menos por tenerlo que tantos rostros negros que te encuentras alli.......y le das gracias a Dios por lo que no mereces......y te levantas queriendo regalarles algo de lo que a ti te sobra........y en ese momento, tu vida ya ha cambiado para siempre y la palabra caridad tendrá para ti otro significado a partir de ese día.
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